Historia y Personajes

El sistema político venezolano de fines del siglo XIX

El sistema político venezolano de fines del siglo XIX, se caracterizó por una gran contradicción en su proceso de secularización política. En otras palabras, pese a que la sociedad tradicional fue cediendo ante procesos más dinámicos en donde las estructuras sociales, roles y subsistemas políticos se fueron especializando y complejizando, la autonomía de éstas era poca o relativa en relación con el poder establecido. En este sentido, se puede afirmar que aunque existía un proceso de diferenciación en al estructura de poder del siglo XIX venezolano, había una baja autonomía de los roles y subsistemas políticos que tenían la función de garantizar la estabilidad jurídico-institucional de la sociedad. Asimismo, la actividad política estaba signada por la hegemonía del Partido Liberal Amarillo y su principal figura Antonio Guzmán Blanco desde 1870; el cual lejos de funcionar como instrumento canalizador de las demandas de la sociedad civil, se convirtió en un agente monopolizador de las opciones de poder y, por tanto, un factor distorsionante y desestabilizador del sistema político venezolano. Una de las prácticas más comunes y representativas de la baja autonomía de los subsistemas políticos a fines del siglo XIX, la tenemos en lo que se denominó el "Anillo de Hierro". Un ejemplo concreto de esta maniobra, se observa en el propio seno del Partido Liberal, cuando una vez que Joaquín Crespo había gobernado de 1884 a 1886 con el apoyo de Guzmán Blanco, le entregó el poder a éste dentro de un "Anillo de Hierro", lo que significaba que aunque en el papel Guzmán Blanco era el presidente de la República, Crespo seguía manteniendo el control sobre el Congreso, cuerpos legislativos, y otras instancias políticas; lo que en definitiva le permitía permanecer cerca del aparato político.

Desde el punto de vista subjetivo, el resultado de la aplicación de prácticas como el "Anillo de Hierro", derivó en la formación de una cultura política de alta desconfianza en las instituciones del Estado, una actitud refractaria ante las posibilidades reales de participación política y en muchas circunstancias la ruptura violenta en contra del marco constitucional vigente. En definitiva, fue en este contexto de baja autonomía de las estructuras y subsistemas, que garantizaran la estabilidad política que se produjeron múltiples movimientos contra-legitimadores, los cuales impugnaban las maniobras tendientes a mantener una élite en el poder. En este sentido, en última década del siglo XIX se desarrollaron primero la "Revolución Legalista" (1892) encabezada por Joaquín Crespo en contra de la intención de Raimundo Andueza Palacio de vulnerar la autoridad del Congreso y aumentar el período presidencial de dos a cuatro años. Luego se desarrolló la "Revolución de Queipa", acaudillada en 1898 por José Manuel Hernández contra el gobierno de Ignacio Andrade, muriendo en la misma el propio Joaquín Crespo quien repitió el mismo esquema de poder concentrado en unas pocas manos, y finalmente en 1899 la Revolución Liberal Acaudillada por Cipriano Castro que desalojara a Andrade del poder y dará inicio a un nuevo tiempo político caracterizado por la presencia de nuevos actores como los andinos, pero caracterizado también por la escasa capacidad del sistema político para canalizar las demandas de la sociedad y garantizar que las acciones políticas se pudieran producir en el contexto tanto de la legalidad y legitimidad.

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