Tradición y Cultura

"Armando Reverón (1889-1954)" en la Galería de Arte Nacional

Reverón con Levita y Pumpá
Victoriano de los Ríos
Sin Título (Reverón con levita y pumpá)-secuencia-, hacia 1954
CINAP


por María Luisa Ochoa

La muestra "Armando Reverón (1889-1954)" sostenida desde Abril de 2007 en las salas 1 y 2 de la Galería de Arte Nacional ofrece un acercamiento al repertorio plástico del artista venezolano Armando Reverón.

Se trata de una exposición que agrupa los diversos medios expresivos utilizados por el artista, como la pintura y los objetos así como una interesante presentación sobre la estructura del Castillete –residencia del artista, construida por él mismo- acompañados de fotos tomadas por Victoriano de los Ríos, Graciano Gasparini, Ricardo Razetti y Alfredo Boulton.

Dentro de las obras exhibidas podremos ver las muñecas, objetos, diversos autorretratos, paisajes de macuto y retratos. La mayor parte de las obras exhibidas pertenecen a la última década de vida del artista.

La exposición ha sido basada en la muestra llevada a cabo a principios de 2007 en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York –uno de los más prestigiosos del mundo-. Con ello la obra de Reverón quedó justamente reconocida como lo que es: una interesante y vanguardista visión sobre la expresión plástica.

Uveros
Armando Reverón
Uveros, 1942
Óleo sobre tela
53 x 64 cm
Colección Fundación Museos Nacionales

Uno de los aspectos subrayados por la curaduría es la obsesión de Reverón con la luz. Esa luz de las costas venezolanas, de los mediodías que encandilan todo haciéndolo desaparecer. Esa luz también que es simple –que no sencillo- artilugio de la plástica y que como una lucha de la visión con la razón, va construyendo los objetos en un presente que los deshace de apariencia, que los depura revelándolos en luz. Este aspecto es quizá el guiño de ojo que el artista nos hace: el ejercicio de la pintura revela y esa revelación es también producto de una lucha entre lo que vemos de la imagen y lo que sabemos de ella.

Con esa visión curatorial la exposición ha dado un trato justo a la estética de Reverón pues es precisamente a través del oficio de pintar “lo que no se ve” que comienza ese viaje que hacemos al acercarnos a sus muñecas, sus objetos y sus pinturas.

Otro aspecto interesante, aunque no inédito en exposiciones anteriores sobre Reverón, es el de haber reunido algunos de los autorretratos. Se trata de una serie de pinturas y dibujos realizados por el artista entre 1948 y 1949 en los que Reverón se pinta a sí mismo con un “sombrero de copa” –llamado en la Caracas de antaño “pumpá”- en diversas poses y utilizando un repertorio expresivo bastante interesante pues parece explorar la pintura desde el dibujo, un poco quizá a la manera impresionista.

Muñeca
Armando Reverón
Muñeca, hacia 1940
Tela, pintura, fibras vegetales (pabilo y algodón), alambre, semillas y papel
161 x 72 x 24,5 cm
Colección Fundación Museos Nacionales

Una última mirada permite al espectador recorrer la obra reveroniana a través de sus objetos. Fabricados con los más variopintos materiales –madera, cabuyas, taparas, papel periódico, tinturas y fibras naturales, ramas, algodón, etc.- los objetos aparecen como esperpentos en los que poco a poco va surgiendo vida. Y no exageramos. Los ojos maltrechos de alguna muñeca comienzan a mirarnos, juzgonamente, mientras vemos sus rasgaduras. Un esqueleto ínfimo se hace escultura mientras un teléfono de cartón y otras fantasías van teniendo sentido sin que nadie lo ponga en duda.

Durante los últimos años la obra del artista ha sido revisitada por curadores, historiadores y público en aras del particular modo de plantear el mundo objetual como hecho plástico, elemento presente en la producción reveroniana. Ese mundo objetual aparece, sí, como tramoya y escenografía, pero también como documento vivo de la pintura como fin último de una construcción pragmática y oficiosa. Este carácter atribuible no solo a la pintura sino, quizás mucho más a los objetos, inserta a la obra de Reverón en un particular puesto en la vanguardia latinoamericana. Aún tratándose de una obra cuyas influencias en sus contemporáneos y en quienes lo siguieron en nuestra historia plástica son pocas, en el sentido de que no se creó una tendencia a partir de sus planteamientos, el legado del artista sigue manteniéndose como uno de los más preciados en nuestro país.

La plástica reveroniana derrama una insistencia en la expresión a tal punto que los límites de la abstracción informal, la figuración y el impresionismo son recorridos finamente como si su aparición fuera más cosa de formas que de historia. Esta fineza hace, entre muchas otras cosas, que las obras de Reverón adquieran ese sentido de recuerdo por construirse y de construcción hecha instante presente.


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